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Sanarate, El Progreso, Guatemala, Centroamérica.
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Feria Titular
de Sanarate
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Algunos de los artículos que aparecieron en la
Revista de la Feria SANAFER 2006.
Recuerdos de Feria
Por: Víctor Manuel Díaz Chon.
Aquellos que nos quedamos a residir en nuestro terruño, por haber tenido la opción de conseguir un medio
de vida que ha posibilitado esa grata oportunidad vivencial, hemos sido testigos de la evolución (casi revolución)
que nuestro escenario cotidiano ha experimentado a través del tiempo. Nuestra comunidad ha venido transformándose
paulatinamente, con cambios que le han hecho pasar del apacible paisaje pueblerino de antaño hasta llegar
a tener visos de una moderna ciudad en ciernes, lo cual es evidente en las costumbres y tradiciones que la población
practica, o ha dejado de practicar, para adoptar nuevas corrientes de pensamiento, modas y otros usos, maneras y actitudes, que
muchas veces no son del todo convenientes.
Sin ser un extremista conservador, ni rematado vanguardista, sino más bien un atento, imparcial y desapasionado
observador con visión objetiva del entorno, me decidí a desempolvar y sacudir algunas telarañas del
arcón de los recuerdos que todos guardamos en el algún lugar, no siempre recóndito, de la memoria...
en nuestro "disco duro", diríamos en términos informáticos para actualizar nuestro léxico. Y de
esa gama de recuerdos que acuden a mi alborotada y alborozada mente, muchos de ellos van acompañados no sólo
de las imágenes evocadas, sino de perceptibles olores y sabores que se me antojan íntimamente ligados a
ellas. De esa cuenta, vívidas escenas desfilan una tras otra, en las que me parece percibir aquellos memorables
aromas de las frutas de la temporada que precede a los festejos feriales de nuestro pueblo, como los jocotes de corona,
los chicos, los zapotes, las anonas, naranjas, etc. Así como el olor a las garnachas, carne asada, churros,
tacos, enchiladas, tamales y toda esa mescolanza de olores, colores y sabores propios y característicos de la
típica cocina callejera de nuestras ferias.
Como preludio a las festividades de la feria sanarateca, siempre hay tiempo para un momento de reflexión y de
recogimiento espiritual cuando rememoramos, con un dejo de nostalgia, a nuestros familiares, amigos y paisanos desaparecidos,
al celebrar el Día de Todos los Santos y de los Fieles Difuntos, visitando el cementerio local
llevando flores y coronas; época propicia para degustar el tradicional fiambre y nuestro ayote en dulce junto a otros
platillos de la temporada, para darle su sabor al esperado "Noviembre en Sanarate". Estas tradiciones debieran ser el
fundamento de nuestra identidad local, y no dar pábulo a extrañas e importadas costumbres como el
mercantilista Halloween que se alienta en las jóvenes generaciones de hoy.
De vuelta a las remembranzas, recorro aquellas viejas calles adornadas "con banderas de papel, verdes, rojas y amarillas",
como lo describiera también Joan Manuel Serrat en su "Fiesta"... Y va uno dando tumbos y topetazos entre aquel
barullo de gente ataviada con sus mejores galas: estrenando ropa y calzado unos, o con los mismos jirones y descalzos, otros;
pero todos imbuidos de un jolgorio que satura el ambiente y lo impregna todo de bullicio y algarabía. El sonido,
un bullicio altisonante, apenas nos permite identificar alguna que otra canción o melodía que suenan a todo
volumen en las rockolas, mientras las personas bailan, gritan histéricamente en los juegos mecánicos, beben
y comen como gente decente en los restaurantes ambulantes, o hay quienes se atragantan y vomitan como en una bacanal
romana. Mientras tanto, algún ladronzuelo hace de las suyas hurgando en los bolsillos de incautos o ingenuos paseantes...
"Para todos da Dios" dice uno de ellos, sin percatarse de la escena, aludiendo a que en la feria los comerciantes que nos
visitan obtienen pingües ganancias.
Pero, recordemos que no solo de pan vive el hombre, porque nuestra feria también
tiene su gran connotación religiosa: ¡Celebrar a la patrona del pueblo, la Venerada Virgen del Rosario! Por eso,
al llegar el día sábado, es cuando el pueblo estalla en un verdadero maremágnum... Gente de todas las
aldeas se da cita en el campo ferial que circunda el templo parroquial, acompañando fervorosamente a la magna procesión
popular que trae de visita a las imágenes de la Patrona del Pueblo proveniente de todas las comunidades aledañas.
La pólvora truena y retumba incesantemente, mezclándose el humo y el incienso con plegarias y la algarabía
del público que presencia y participa del concurrido cortejo procesional que desemboca en el atrio del templo.
Después de la visita a la iglesia católica, la gente se desparrama en los alrededores, incrementando
la intensidad del ambiente festivo, en una perfecta conjunción de lo que es nuestra fiesta patronal con la feria
titular de nuestro pueblo.
Los viejos recuerdos acuden en rápida sucesión, como el "tiovivo" de don Cirilo; así, pasan las
"las ruedas" de don Pancho Arriaza, las bullangueras zarabandas en casa de Tomás Rivas, en casa de los Bran Arenas y
en el Club, frente al parque, en donde maratónicamente trasnochados y fatigados músicos entonan y desentonan
melodías que la gente baila, mientras el lazo pasa, inmersos en un ambiente que amalgama olores, aromas y tufos
de índole diversa. Las ventas de pepitoria, mazapán, conservas, bocadillo, manías, churros, algodones de
azúcar, panitos de feria, los tamales de doña Chabela de don Adrián, los "chocomiles" de La
Tapachulteca, los ponches de leche con su "piquete de indita" frente al atrio parroquial, los panes con pollo... El tiro
al blanco de la Abuelita, la champa de juguetes y bagatelas de la "señora brava" frente al corredor de la antigua muni,
los visores de ViewMaster, los futillos, las argollas, los boliches, chingolingos en el parque, los pajaritos que
adivinan la suerte, las fotos "de cubetazo" con sus estáticos caballitos y desteñidos telones de fondo.
"Dalila, la mujer sin cabeza" y demás espectáculos "asombrosos", que perturbaban nuestra mente infantil. Los
palenques, así como otras tantas otras atracciones y diversiones que hacían nuestro deleite... Más
de algún amigo también probó dolorosos chicotazos en su espalda por "colacear" subrepticiamente
en el carrusel de caballitos.
Es imposible obviar los actos propios de aquellas ferias de antaño: Las alegres albas con tambora, flauta, bombas y
cohetes; la tradicional Coronación de la Virgen; la protocolaria investidura de la Flor de la Feria, la Flor del
Campo y de otras bellas representantes de la mujer ayotera, así como el formal acto que declaraba inaugurada la
feria. Todos estos actos eran amenizados por las bandas civiles de San Agustín Acasaguastlán, o de El
Progreso, con sus alegres "dianas" para celebrar los discursos de autoridades y bellas damas. La solemne misa
dominical del Comité Pro-Feria, a la que asistía el Concejo local acompañado del comité en
pleno, la Flor de la Feria y las madrinas representantes de la belleza femenil sanarateca; lo que me hace recordar que
en una de esas celebraciones litúrgicas se estrenó solemnemente la "Misa Autóctona Guatemalteca" del
compositor nacional Juárez Toledo, con la participación de la célebre e inolvidable Marimba Orquesta
"América" de los Hermanos Marroquín y un coro de juveniles voces sanaratecas de ese entonces, y que
realizaron la grabación de esa magistral obra, de la cual se conservan algunos acetatos, incluso en Ciudad del
Vaticano.
No faltaban en aquellos tiempos, los emotivos encuentros deportivos de básquetbol masculino y femenino, así
como de fútbol, con la participación de verdaderos deportistas sanaratecos que se fajaban por el terruño
contra equipos de gran renombre nacional, sin esperar más recompensa que el aplauso animoso y sincero de los
coterráneos e intentar el triunfo en la competición, que muchas veces era merecidamente alcanzado. La
selección albiceleste en sus días de gloria con sus grandes figuras locales de la época, los equipos
de básquetbol "Constelación Sanarateca" y "Juventud Sanarateca" de la rama femenina y "Sharks" de la
rama masculina.
Alegres conciertos de marimba, y en una especial ocasión tuvimos el privilegio de disfrutar un memorable concierto
de la Orquesta Sinfónica Nacional, gracias a don Ramón Molina, primer violinista de esa ilustre institución
musical de nuestro país. También gustaban los programas culturales y artísticos que, aunque modestos,
el pueblo disfrutaba grata y gratuitamente.
Había exposiciones artesanales, artísticas y agrícolas donde se presentaban los "ayotes más
gandes" de la cosecha del año, tipo calabaza y corneta, expuestos orgullosamente por los agricultores locales; eran
muy famosos los cosechados por don Gabriel Clavería. Hoy, el ayote sólo parece figurar en el escudo del
municipio, y nada más. ¿Será posible que nuestro emblemático fruto cucurbitáceo está
en vías de extinción en su territorio ancestral? Cabe lamentar la desaparición de los Juegos
Florales y las exposiciones de artesanías y obras artísticas como parte de las actividades culturales que
se realizaban, así como de la "Media Maratón Sanarate", competencia deportiva que surgió y poco
tiempo después desapareció... Y tantas otras cosas que irremediablemente se quedaron en el tintero.
... El eco de las voces y el bullicio se apagan poco a poco, las luces se desvanecen gradualmente y el silencio y la
oscuridad invaden la escena, mientras el baúl de los recuerdos se cierra lentamente... Con el tiempo, la feria
ha emigrado. El pueblo recupera la calma. Ya no quedan vestigios del paso de la feria, ni los promontorios de basura y
porquerías en los callejones. Hoy, los sonidos, el bullicio, las alucinantes luces y las correntadas de gente
se desplazan a los extremos del pueblo: Hacia el sur, pueblo abajo, se dirigen al campo de la feria y al estadio. Y van
al norte, pueblo arriba, dirigiendo sus pasos hacia el complejo ganadero. Muchos "tuk tuks" transportan tal cantidad de gente,
haciendo su agosto en pleno noviembre.
Los escenarios y los protagonistas de la feria son otros: Vaqueros, "cowboys" y "cowgirls" locales e importados, genuinos
e imitadores ataviados para la ocasión, pululan por las calles luciendo los jeans tradicionales "Lee", "Levi's",
"Wrangler", o los de moda "Oxygen", "Pepe", "Jordache",... con botas y sombreros al estilo texano, anchos cinturones
y camisas a cuadros... Llegó el jaripeo. El desfile hípico, hace soñar a algunos con el viejo
Oeste norteamericano, y mientras dura el desfile, se sienten protagonistas de un "western" imaginándose como un
Roy Rogers, John Wayne o Clint Eastwood, cabalgando corceles purasangres, andaluces, peruanos, appaloosas, árabes,
palominos, o simples jacas, rocines y jamelgos de pura estirpe local. Sólo faltan los Winchester y las Colt
legendarias, aunque algunos participantes ostentan modernas armas al cinto, desentonando el espectáculo.
Los juegos mecánicos de "Playland Park", los juegos electrónicos o "maquinitas", los juegos artificiales al
estilo de "Sky Fire", conciertos internacionales en el estadio con cantantes y grupos musicales de corte internacional
más o menos famosos, y presentaciones en el campo de la feria de grupos y cantantes nacionales de prestigio local.
Pugna comercial entre las tabacaleras y las fábricas cerveceras, plagan el ambiente con profusa publicidad...
La onda de la globalización nos inunda con celulares, e-mails, la internet y toda clase de tecnología que,
de punta, pasa a ser común y corriente, para bien o para mal, tornándose accesible para gran sector de la
población. La clonación de seres vivos, productos transgénicos, ingeniería genética, el
genoma humano, estaciones orbitales, viajes a Marte...
Todo cambia y nada permanece inmutable. Por eso, lo único que cabe esperar es que los cambios que se suscitan en
nuestro medio sean propicios para mejorar. Porque el tiempo hace que nuevos vientos soplen, pero nuestro feria titular
seguirá atrayendo la atención popular cada noviembre, así como la fiesta patronal continuará su fervorosa celebración durante el mes de octubre, mes de la Virgen del
Rosario. Ambas festividades quedaron separadas en el calendario, como el pueblo quedó alejado de la aparatosa
infraestructura, pero el espíritu de tradición de nuestro pueblo las ata indisolublemente a su ideario
para que pervivan mientras Sanarate exista.
¡Nos vemos en la Feria!
...¡Primero Dios, la Virgen Santísima y la Flor de Ayote!
Sanarate de mis Recuerdos.
Por: Víctor Manuel Díaz Chon.
Revista SANAFER 2006.
Feria de Noviembre, 2006.
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