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Sanarate, El Progreso, Guatemala, Centroamérica.

Feria Titular
de Sanarate


     Algunos de los artículos que aparecieron en la
   Revista de la Feria  SANAFER 2006.

Andanzas de Don Pancho
Por:  Roberto Alvarado.

Estas historias se desarrollan en tiempo antes de mediados del siglo pasado, cuando Sanarate era un pueblo con casas de horcones, bajareque, techos de manaco y adobe en su mayorí, con techo de teja, pisos de ladrillo o tierra apisonada. Muy contadas residencias tenían pisos de cemento, las calles eran de tierra. En verano, polvo en cantidades y en invierno con las primeras lluvias, empedradas de sapos.

El Talpetate, arroyo que atraviesa la población y hace travesuras cuando llueve mucho, era entonces un río nadable y los muchachos se hacían clavados en el puente que lo salva, camino del cementerio. En sus aguas se podía pescar mojarras y juilines. Era lavadero público número uno y no el desagüe general. El servicio de agua corriente, que no era potable, era esporádico. Dos tanques de lavado y algunos chorros públicos. Estos últimos eran escenario de eventuales riñas entre patojas bien dadas de tanto acarrear agua, con andar de pasarela de alta moda por llevar la tinaja en la cabeza.

El transporte público era dominado por el tren, y los autobuses eran dos: La Pulmonuda y la Raspahielo, timoneadas por Tío Pano, sin contar los fletes de Don Turo Castellanos en su pichirilo. Juan Pelón ofrecía sus servicios de cargador en la estación del ferrocarril y se podían ver carretas de bueyes llevando lo que se transportaba en el tren.

En esa época la energía eléctrica sólo se tenía de 6:00 a 11:00 PM. Los juguetes se reducín a trompos, barriletes, capiruchos y tractorcitos de carrizo de hilo, generalmente fabricados por los propios usuarios.

Don Pancho, era un representante del renacimiento del pueblo, hacía de dentista, médico, farmacéutico, músico, bromista empedernido, bohemio y mujeriego. No dejó mucha semilla por ser pionero en los métodos contraceptivos. Su polifacética vida está salpicada de pintorescas anécdotas, que de no escribirlas se perderán en la noche de los tiempos, y queremos deleitarles con algunas.

Como la vez que preparó un plato de pacayas envueltas en huevo, simuladas con tusas y con su respectivo y apetitoso chirmol, ligeramente picante. Sólo al verlas se hacía agua la boca y como al que le gustan los chicharrones con ver al coche le da hambre, se le ocurrió llevárselas de bocas a los cuates.

Se hizo presente en la cantina "Sal Si Puedes" de Doña Pancha a la mera hora del almuercero en donde se encontraban reunidos para esa solemnidad, don Tono "Mono", don Tavo "Mangón" y don Mario Estévez, quienes a esas alturas del partido se habían cruzado sendos octavos y tenían alborotado el lombricero.

—¿Qué traes ahí pues Pancho?

—Unas pacayas q'hizo la Licha y pa' acompañar 'tan buenas vos. Están de chuparse los dedos.

—Trelas pa' cá Pancho, pa' luego es tarde.

Dijo el mono con voracidad, hincandole el diente sin dilación. Lo que no esperaba es que las famosas pacayas tuvieran alma de tusa y la placa se le atascara entre las hilachas de la misma.

Se desató la risotada general cuando se sacó la tusa medio masticada. Y el mono descargó su vergüenza con una sarta de palabrotas, que la censura no permite publicar, acompañado del intento de agresión. Ante ésto el bromista escurrió el cuerpo y sacó a relucir su atletismo en los cuatrocientos metros planos persecución, hasta que el mono no pudo más y las risas ya no se escuchaban.

Como cuando en una oportunidad estaba don Pancho que no se alcanzaba en la farmacia y mandó una señora de la otra calle a decirle que estaba enferma y necesitaba urgentemente una inyección.

—Don Pancho, dice mi mama que si puede ir a ponerle una inyección.

—Decile que ya voy, solo me desocupo y llego.

Pasó un buen rato y el alboroto de la farmacia continuó como si nada.

—Don Pancho, dice mi mama que si va a llegar...

—Decile que ahorita llego.

Pasó otro rato y el mostrador parecía querer crecer de tanta gente, que cinco centavos de 7 espíritus, que dos len de linaza, que ¿Qué será bueno para los asientos?, ¿A cómo tiene los polvos del amor...?

—Don Pancho... dice mi mama que si va a llegar o ¿No?

—Mejor decile a la Araceli que como ella no puede venir y yo no puedo ir, que mejor me mande la nalga con vos.


En los días de la feria, se acostumbró en el pueblo de hace muchos años, hacer una competencia, resabio de los torneos medievales, llamada "carrera de cintas". En una cuerda atravesada en la calle se colgaban cintas con una argolla en el extremo y los caballeros por turno pasaban tratando de llevárselas en una varita, recuerdo de la lanza. Esta ocasión era aprovechada por los varones para lucirse ante las muchachas con su destreza con los caballos y calidades varoniles. Este evento causaba mucha expectación y con frecuencia se decidían noviazgos y llevadas, por la impresón que les causaba a las féminas. Also así como tener un carro deportivo con un gran equipo de sonido en la actualidad.

Menuda sorpresa se llevó el público, cuando se presentó a competir una dama de buen ver, hermoso culo y chiches de quitá de ay. El ego masculino estaba quedando mal parado cuando la dama les llevaba ventaja en las cintas pues su habilidad era como pocas.

Todo el estupor se convirtió en risa cuando una de las nalgas quedó tirada en un lance, con lo que se descubrióo a Pancho disfrazado de patoja. La historia fue el hazme reir de toda la feria y por muchas más hasta que se dejó de hacer dicho torneo.

Este tipo de broma, sana, con gala de ingenio e inofensiva ya no se usa en estos tiempos. Ha sido substituida por la broma vulgar, agresiva carente de chispa y gusto. Y nos tiene amalayando al viejo Don Pancho.

Lamentando profundamente la falta de espacio, que no alcanzaría una resma de papel para plasmar las anécdotas de Don Pancho y el retrato de una época que no volverá.



Por:  Roberto Alvarado.
Revista  SANAFER 2006.
Feria de Noviembre, 2006.


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